7.10.09

La importancia de las Esencias | Giovanni Maria Farina


Giovanni Maria Farina (Novara 1685- Colonia 1766), el químico y comerciante italiano creador de Eau de Cologne, consideraba a las esencias el fundamento de su propio producto, sin ellas el agua de colonia no era nada.

Considerado como el primer perfumista de la historia, manifestaba que sin la esencia de Bergamota o de Limette, el agua de colonia no tenía nada que hacer. Un soplo de lluvia cálido del sur, así definía a los aromas cítricos. Añadamos a ello que entonces las frutas del sur europeo eran consideradas uno de los símbolos de la felicidad arcadia. Goethe, amante del Eau de Cologne, por cierto, escribia: ¿Conoces la tierra donde crecen los limones?/En los oscuros bosques arde la naranja de oro…

Farina comenzó muy pronto con la importación de esencias, como Petit gran, Nerolio, bergamote y otras muchas, todas ellas exponentes del lujo más exquisito. Las adquiría directamente en sus zonas de origen. La extracción del aceite era ya entonces muy trabajosa y, por tanto, muy cara. Las flores de jazmín debían ser maceradas durante días en manteca de cerdo hasta que el aceite floral era extraído de la grasa. Después, con ayuda de alcohol, se separaba nuevamente de la grasa y de los restos de las flores. Este método de extracción de aceite vegetal para perfumes era duro incluso físicamente. Antiguamente se llegó a obtener desde el ámbar natural. Semejante al maná divino, producto de expectoración del cachalote, era recogido por los cazadores de ballenas en el mar o en la playa. Curiosamente en 2005, una pareja de irlandeses descubrió en una playa un pesado bloque de más de 15 kg., que fue valorado en más de 30.000 euros.



Volviendo a Farina, para que aceptara las esencias que le ofertaban, éstas tenían que presentar algunas cualidades absolutamente imprescindibles, como la pureza y la calidad. Se informaba cuidadosamente sobre las cosechas de las plantas y sobre el proceso de destilación para la obtención de las esencias. No importaba el precio, solo le importaba que fuera el mejor Bergamote. Su proveedor Barbieri, de Bruselas , daba, a su vez, instrucciones a un agricultor de Regio sobre la forma de regar los arboles siguiendo , desde luego, las instrucciones del propio Giovanni Maria Farina. El modo del riego era, a juicio de Farina, una de las claves en las que se basa el olor. Añadamos además la manera de almacenaje, las formas y los materiales de los recipientes para el transporte de las esencias. Respecto a los contenedores, estimaba en especial los de cobre, pero admitía así mismo como válidos los de cerámica, cubiertos con lino. No obstante, los de cristal eran para él los mejores. Adquiría las esencias en sus zonas de origen, y sólo aceptaba aquéllas que presentaban algunas cualidades absolutamente imprescindible para él, como eran la pureza y la calidad. Se informaba cuidadosamente sobre las cosechas de las plantas y sobre el proceso de destilación para la obtención de esas esencias. No le importaba el precio, sólo le importaba que fuera, por ejemplo, la mejor bergamota, o el mejor jazmín.

Si no le gustaban las esencias que le entregaban, lo que ocurría, parece ser, a menudo, importaba la fruta y las destilaba él mismo. Era todo un lujo. Todavía en el siglo XIX la importación de limones del oeste europeo era un asunto que provocaba discusiones públicas. Estupendo lo que hace Farina, aclamaba la prensa de entonces. Las madres colocaban a sus hijos en las ventanas de la fábrica de perfumes, para que los pequeños pudieran aspirar el aroma de los frutos. Aseguraban a sus pequeños que era saludable para ellos, eran tonificantes, a modo de las en aquel tiempo aún desconocidas vitaminas.

(Fuentes: Diccionario Espasa- Publicación Eau de Cologne-300 Jahre Farina- Bachem Verlag- Markus Eckstein)

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